martes, 7 de agosto de 2012

Reencuentro.

Ella se preguntaba si se volvería a dar una situación así.
Solo se escuchaba una canción de fondo en inglés.
Él, no tenía intención de salir de la cama y menos de mirarle el rostro.
Todo ese reencuentro era evitable, pero los sucesos se dieron hasta que ambos se encontraron en un carrete y de ahí no paró nada.
La conversa en un inicio fue torpe, hace 5 años no se habían visto, a veces coincidían en las miradas en la calle, otras veces solo uno miraba o notaba la presencia del otro.
Después de saber que todo iba super bien en sus vidas esos 5 años cayeron de golpe y la conversa nunca paró.
Los sentimientos se confundieron, para el era raro, para ella confirmación de muchas cosas.
El carrete acababa y una despedida anómala se hacía presente.
Ella se retiraba con su esposo, pensando que 5 años le confirmaban que la decisión fue la correcta desde esta posición actual, pero no la mejor, pudo tener otro final.
Él, con su nueva pareja, se retiraba rumbo a un motel, pensando que aquella conversa debió haber sucedido mucho tiempo antes.
Ella en su casa recordaba aquella conversa y le empezó a molestar los recuerdos, el tipo que estaba al lado era la persona mas importante en su vida, la conversa de hace poco solo era un grato recuerdo. No quería volver a ver a su ex pareja, sentía miedo que el podría revivir viejas ilusiones que ella ya había enterrado.
Él por su parte, se concentraba en las cosas que vendrían en su futuro, la puesta en marcha de un negocio lo tenía con la mente en otro lugar, no quería salir de la cama, su actual polola era la mejor que había tenido en su vida, no atinaba a ver su rostro, le daba miedo, tenía miedo de ser rechazado ante la petición de matrimonio realizada.
Ella lo mira y termina todo con un acepto.

lunes, 6 de agosto de 2012

Tejido del destino.

Era solo una noche normal, el destino ya había jugado sus dados hace tiempo. Este lugar era nuevo para mi, pero inconscientemente todo el lugar era de una cercanía natural. Cada paso por este sector era la confirmación de que ya había estado aquí, quizás en otra vida, quizás en otra oportunidad.  Pero no, nunca había estado en este lugar, quizás físicamente. Pero esta sensación era anormal.

La noche mostraba como de costumbre a la gente desenfrenada, sin tapujos, arrojados a lo mas normal y común de la naturaleza humana. Era un espacio reducido, mas de 1000 personas no podrían estar reunidas a la vez, la que estaba esa noche era la necesaria, no se veía muy atestado y tampoco faltaba, yo me sentía bien con esta cantidad de espectadores. 

En una esquina se procedía a entablarse una relación que duraría mucho tiempo, observaba  como esa mezcla de instintos afloraban en aquella pareja estable. Por coincidencias del destino, me llama la atención la forma en que ella sostenía una mirada a quien iba a ser un compañero esencial a lograr su futuro y conseguir muchas metas. Veía en los ojos de ambos, la complicidad de ambos, él había encontrado por fin a la madre de sus hijos, en esos hermosos ojos. Esa pareja en un futuro tendría una casa bien acomodada en la cual crecería Violeta, quien sería la madre de mis nietos.

Al percatarme de tantos sucesos, comprendía el entorno en el cual me estaba adentrando. Por fin podía moverme mas suelto. Esa noche no terminaría en un motel barato con alguna mujer del momento con la cual compartir un trozo de mi historia. Esa noche terminaré caminando a orillas de un río, a orillas de una playa con una amiga incondicional que en este episodio haría una entrada triunfal en mi vida.

Al dar vuelta la llave del lavamanos de aquel baño, noté que por el espejo se reflejaba la conversación alterada de aquella pareja de mujeres. Una recriminaba a la otra por no querer aceptar su condición sexual, la otra le reprochaba que se diera cuenta que ella no quería y no se sentía dispuesta a dejarse arrastrar por algo que no sentía verdadero.

Salí por el pasillo tratando de no topar aquella discusión y me dirigí a la barra. Un combinado blanco sin hielo era una buena dosis para esta noche. Miré mi reloj y me daba cuenta que me habían dejado plantado no solo a mi, si no a todo el argumento que había planeado para finalizar una relación o quizás salvarla. Me di cuenta que los minutos eran mas lentos para mi, pero el entorno estaba desenfrenado. A mi costado una pareja de hombres se juntaba con fuertes besos y agarrones.  Por el otro costado una pareja hetero olvidaba al resto y solo atinaban a practicarse grado 2 a vista y paciencia de todos.

Eran exactamente las 3:16 de la mañana y atino a levantar la vista. Cargo el cuello para un lado y cruza por encima de mi oreja un botellazo. Atrás daba comienzo a una pelea la cual terminaría con la vida de Marcelo. Un tipo el cual venía llegando de Europa, en ese viaje conoció a Margareth, una chica londinesa con sueños enormes. Fue solo una fiesta para que ambos terminaran en la parte trasera del auto de ella. De aquel encuentro saldría Tarize, una mujer que nunca conocería a su padre, sería recordada por toda Inglaterra al ser la autora de la matanza de 15 niños al sur de Liverpool.

Al ver que el ánimo de todos era incontrolable, me marcho, pero no dejo de lado mi vaso. Cruzo por la entrada esquivando el escándalo que había detonado esa pelea entre las mujeres del baño, una al empujar a la otra, produce que un hombre derrame un vaso de cerveza sobre la cabeza de la pareja de Antonio, este sin reparo se alza y le revienta la nariz de un derechazo, atrás de el, aparece Jaime amigo del malogrado Carlos, quien con una patada en la espalda lo bota y lo remata en el suelo. De ahí en adelante la pelea fue todos contra todos.

Era una noche normal, cruzo la calle y me dirijo por la costanera, disfrutando la brisa del mar. De fondo escucho las sirenas de los pacos. Mañana me enteraré que alguien había sido apuñalado y que no alcanzó a llegar al hospital.

- ¡Hola! ¿Tienes fuego?.

Levanto la mirada y me doy cuenta que aquellas tres palabras en aquel paradero, sería el comienzo de una gran amistad.